El estereotipo de la mamá especial

Alicia LlanasMi Diario

Nuestros hijos luchan diariamente con diferentes estereotipos, y nosotros como padres nos encargamos de luchar, hablar, educar a otros padres, niños, maestros para quitar algunos mitos sobre nuestros hijos.

Hay un estereotipo que tenemos las mamas de niños con síndrome down, y que quizás muchas veces no hacemos nada, o hacemos muy poco por quitarlo.

Niños especiales para madres especiales

Suena bonito ¿no?

Cuantas veces no hemos escuchado que nos dicen que somos especiales. Que ellas (las otras mamas, de niños sin discapacidad) no podrían hacerlo.

Como si fuéramos una raza humana rara o quizás hasta de otro mundo, super fuerte, con energía siempre. Como si fuéramos unas mamas santas llenas de paciencia y sabiduría para saber educar a nuestros hijos.

Como nuestros hijos son unos angelitos, pues uno debe ser muy feliz no, con polvo mágico de la felicidad para compartir. O como nuestros niños a veces son bastante inquietos, debemos de ser abnegadas y aguantarnos.

Esta bien, se que la gente no lo dice de mala manera, pero la realidad es que como mamá de dos niños con síndrome down a veces no me siento tan especial.

Y es que en realidad soy simplemente una mamá. 

Una mamá que grita, se enoja, ríe, llora, juega, anda con prisa, va y viene de la escuela, escucha cosas y buenas malas de sus hijos, que se la pasa diciéndole a sus hijos que no dejen sus juguetes tirados, que a veces tiene que castigarlos, y que muchas veces termina agotada al final del día y que lo único que quiere es poder acostarse tranquilamente a ver una película

Y a veces como mamá de un niño con discapacidad sentimos que la gente no nos entiende, no nos comprende, que por así decirlo tenemos la obligación de ser fuerte y no quejarnos, para no ser juzgados, pero la verdad es que eso cansa. Porque al final nuestros hijos tampoco son unos angelitos, porque al final ellos también hacen travesuras, porque al final también recibimos quejas de las escuelas y hasta tenemos que pedir disculpas en nombre de nuestros hijos.

No se trata de gritarles a todo el mundo “¡Ey, yo también me canso y yo también batallo!” ni de andar a la defensiva, se trata de entablar pláticas casuales en la entrada o salida de la escuela, se trata de involucrarnos en actividades de padres en las escuelas, se trata de aunque sea saludar con una sonrisa a los demás padres, de saber recibir cumplidos, pero también de saber recibir quejas.

No somos tan especiales, ni tan diferentes

Hace unos años cuando Elías llego de 4 años al kinder, tome la decisión de formar parte de la asociación de padres de familia, la idea fue para poder estar un poco más al pendiente de él, pero luego, me dí cuenta que estar ahí dentro, involucrada en las actividades, hacían o me obligaban, a que conociera a otros papas y a sus hijos, y con esto, que ellos me conocieran a mi, y conocieran a mi hijo.

En ocasiones por cuestiones de trabajo nos quedábamos horas extra en la escuela, o nos quedábamos de ver en casa de una del grupo, y ahí mientras Elías jugaba con los demás niños, yo platicaba y convivía con las demás mamas.

Fue fácil, Elías fue fácil de integrar, y yo me integre fácilmente también, hice buenas amistades, que aunque ya no las veo tan seguido, cuando nos topamos, lo primero que preguntan es : ¿cómo les va? ¿cómo esta Elías?

Ellas pudieron ver que soy una mamá como ellas, que no soy tan especial, ni tan diferente a ellas y que tampoco floto en una nube.

Quizás no me lo decían, pero se que lo entendían.

No somos el centro del universo, pero si deberíamos ser parte de él

Cuando Eva entro al kinder fue diferente. Entramos semanas después de los demás, Eva tenía tan sólo dos semanas con nosotros, y si a eso le sumamos, que para ella fue cambio de rutina, escuela, casa, modos, etc su integración fue difícil.

Eva molestaba a los otros niños, y por consecuencia algunos papas no la querían ahí. Y yo era la pobre madre de una niña con discapacidad que no obedecía, y le quitaba tiempo a la maestra y sus hijos. Pobre de mí ¿no? Me sentía sóla e incomprendida, fuera de lugar así que para no escuchar quejas, para no darme cuenta de las miradas de los demás, me dedique solamente a ir a dejarla y a recogerla, me concentraba en ella y ya.

No quería hablar con nadie, no quería que me cuestionaran, después de todo ellos no entendían y no sabían, pero ¿por que tenían que saber? ¿por que tenía que explicarles que acababamos de adoptar a Eva? jamás les dí mucha explicación a las otras mamas (de los compañeros de Elías). Sólo con algunas salió a la plática del nacimiento de Elías, o de que siempre ha estado en terapias. No tenía porque explicarles a las mamas (de compañeros de Eva) sólo tenía que hacer lo mismo que había hecho antes, ser parte del grupo de padres, quizás no en la asociación, pero si siendo parte de algo y no excluyéndome.

No sólo era necesaria la integración de Eva con los niños, sino también era necesaria mi integración con las otras mamas.

Ayer, mientras esperábamos el turno de nuestros niños para bailar, hablaba con una mamá de que a su hija le gusta fulanito de tal, y con otra de un remedio casero para aliviar cierto padecimiento, luego otra pasaba y saludaba y decía lo bonita que estaba Eva, u otra preguntaban porque Elías no había ido a clases, etc.

Y es que me he esforzado tanto porque vean a mis hijos simplemente como niños, que me he olvidado de que también me vean simplemente como mamá.

Dice la página definicion.de que  “El concepto de madre trasciende a la biología. Las mujeres que adoptan a niños también se convierten en madres ya que cumplen la misma función que está vinculada a la mujer que da a luz. Esto quiere decir que ser madre va mucho más allá que engendrar un hijo, sino que incluye cuestiones como el amor, el cuidado y la atención

Las mamas de niños con síndrome down, somos como todas (o la mayoría) de las mamas, dispuestas a dar amor, cuidado y atención a nuestros hijos.  No somos mejores madres, ni más especiales, ni más santas, sólo hacemos lo que es necesario por nuestros hijos No, por el síndrome down, sino por que son nuestros hijos.