día 13 –

Alicia LlanasMi Diario

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Hay cosas que normalmente no me gusta decirle a la gente, prefiero decir no gracias, que decir la verdad.
Son cosas que mucha gente hace y yo no.
Porque no? por miedo. Es más ni me gusta decirlo, me da pena, pero se los voy a decir:
nadar (sólo estoy en albercas que no estén profundas – 1.50 max)
andar en bicicleta
y……
manejar
ok. ya! lo dije.
Cuando estaba pequeña, iba a los campamentos de verano de un club deportivo, entre todas las actividades que había, una de ellas era la natación, aun recuerdo la angustia de tener la clase. Me escondía e inventaba pretextos para no verme forzada a intentar aprender a nadar.
Luego, según yo, jamás he andado en bici sin rueditas. Mis papás dicen que si hubo una época, yo la verdad no lo recuerdo, e igual prefería quedarme en casa que salir con mis amigas a andar en bici. “No gracias, tengo tarea”, y aunque las veía por la ventana y pensaba “yo quisiera estar ahí”, mejor me aguantaba a intentarlo.
Creo que hay cierta edad por ahí de la secundaria/preparatoria donde quieres aprender a manejar, yo no. No se porque, jamás dije: quiero aprender. Y cuando se ofrecían a enseñarme, igual buscaba alguna escusa. Hasta que llego mi ahora esposo, quien se propuso enseñarme, y aunque iba lograndolo, igual le decía “hoy no tengo ganas” y así me lo llevaba hasta que dejamos de intentarlo.
Estas tres cosas son una constante pelea, mmm bueno, no pelea, sino la gente cuando se entera se ofrece de maestro “yo te enseño a nadar”, “ándale, nos vamos tu y yo a manejar”, “¿no sabes andar en bici, pero como?”, y siempre les digo: “he vivido toda mi vida sin hacerlo y no ha pasado nada, puedo seguir así”, aunque en mi interior se que la vida podría ser más fácil (manejando) y divertida (nadando y andando en bici)
Lo que si se es que yo no quiero eso para Elías ni para E.
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E es muy intrépida, no si se venía en sus genes, o si se hizo así por la manera en la que vivió o simplemente que esta descubriendo y quiere aprovechar. O todo lo anterior junto 🙂
Yo se que le gusta mucho el agua, lo descubrimos el primer día que la conocimos, y que estaba “enojada” porque se quería meter a una alberca que tenían en la casa hogar y no la dejaban porque ibamos nosotros de visita. Luego cuando nos dejaron sacarla de la casa hogar y vinimos a la casa, la alberquita de Elias fue su fascinación! Y me impresiono que ella se quería echar un clavado, y que quería nadar, y claro que lo que le faltaba era espacio. Hace unas semanas me encanto verla en una alberca.
 Ella se trepa en lo que pueda, y en un descuido hasta hace una marometa.
No quiero echarlo a perder. Se que debo enseñarle que debe de tener cuidado, que se debe de fijar, pero no quiero exagerar y meterle miedos que ella quizás no tendría de no ser por mi.
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Elías por otro lado es como yo. Más cómodo, más cauteloso, siempre ha sido así desde que es un bebé, el se tardo en sentarse, en pararse, en gatear, en caminar porque el necesitaba estar seguro de que no iba a caerse, el es como yo, más comodino, pero, lo admiro, porque aun así el lo intenta.
Quizás soy muy exigente, quizás la gente me ve feo, por la motivación aun y cuando esta histérico, quizás me veo mal cuando el no quiere meterse al alberca y yo lo quiero obligar.
Pero la verdad es que yo se lo que el siente.

Y me angustia cuando lo veo llorando, temblando y con la taquicardia a todo lo que da, pero no quiero que se pierda de lo que me perdí yo, no quiero que el crezca evitando esos momentos e inventando excusas.

Quiero que lo intente.
Y en esos intentos lo único que puedo ofrecerle es que el se sienta acompañado, que el sienta que estoy ahí para atraparlo, para echarle porras, que estoy ahí para darle la mano y darle cierta tranquilidad y paz en su angustia ante esas cosas nuevas que le causan pavor.